Sentarse en la terraza con el sol escondido.
Sacar papel, filtro y tabaco.
Ahuyentar los problemas del mundo mientras te concentras en liarte esa dosis de paz diaria.
Abres el Zippo, rozas la piedra del mechero y observas como crece la llama.
Acercas el cigarro, ya en tus labios, a las llamas.
Disfrutas de la mezcla del sonido del sobrante del papel ardiendo, mezclado con el humo ascendente.
Inhalas algo de ese tabaco y te paras a pensar, sin respirar.
Sientes que mientras ese cigarro aguante, tú puedes aguantar, que el denso humo que genera puede ocultarte de los trozos de mundo que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, segundo tras segundo se desprenden.
Guerra, caos, dolor, muerte, hambre, luchas perdidas y estupidez. ¿De verdad merece la pena permanecer firme en tu puesto? ¿Merece la pena resistir a todo?
Si, porque ese cigarro te lo susurra, te canta palabras de amor y calma tus nervios e inseguridades.
Ese cigarro eres tú, ese cigarro es tu vida, ese cigarro se consume...
Pero ahora aguanta.
Sacar papel, filtro y tabaco.
Ahuyentar los problemas del mundo mientras te concentras en liarte esa dosis de paz diaria.
Abres el Zippo, rozas la piedra del mechero y observas como crece la llama.
Acercas el cigarro, ya en tus labios, a las llamas.
Disfrutas de la mezcla del sonido del sobrante del papel ardiendo, mezclado con el humo ascendente.
Inhalas algo de ese tabaco y te paras a pensar, sin respirar.
Sientes que mientras ese cigarro aguante, tú puedes aguantar, que el denso humo que genera puede ocultarte de los trozos de mundo que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, segundo tras segundo se desprenden.
Guerra, caos, dolor, muerte, hambre, luchas perdidas y estupidez. ¿De verdad merece la pena permanecer firme en tu puesto? ¿Merece la pena resistir a todo?
Si, porque ese cigarro te lo susurra, te canta palabras de amor y calma tus nervios e inseguridades.
Ese cigarro eres tú, ese cigarro es tu vida, ese cigarro se consume...
Pero ahora aguanta.